Bitácora

Menos es más, más o menos.

Estoy pensando en la linea de acción mientras pintamos. Y en algunas consecuencias de seguir fiel a una idea.

La linea de acción es el propio camino. No el sendero allanado, sino el vector propio, que puede coincidir con el camino en algún tramo, pero que luego se emancipa, haciéndonos tomar decisiones genuinas. En ese momento sentimos que empezamos a improvisar, a salirnos del libreto. Y los libretos se supone que están probados con el tiempo, los senderos propios no tanto. Al menos no sabemos si llevaron a sus pioneros a buen puerto o a una dolorosa muerte. Perdón, me dejé llevar por la emoción del relato.

Estas decisiones, pueden volverse un vicio o una amenaza. Porque una vez que se le siente el sabor a la libertad, querés quedarte a vivir ahí, o salir corriendo. En mi caso, hoy estoy pensando en esa necesidad que tenía de dejarme llevar por el deseo. De descansar un poco los huesos en las formas que evidentemente ya estaban ahí en el papel. Y dejar pasar por el portal a varios sujetos peligrosos. Y darles otra oportunidad.

Mi acuarela empezó a describirme mejor.

Pero no porque se empezara a ver más ecléctica. Sino porque los asimétricos eran mis pensamientos, que una vez incluidos y escuchados, caían al papel como pinceladas auténticamente necesarias.

En mi caso, más, creo estuvo bien.

 

Como dice Jacob Collien: “Menos es siempre más, cuando sabés qué es ese más. Y entonces podés tomar una decisión conciente de alejarte de eso.”

¿Pintar para llegar, ó para estar?

Encontré esta foto del último día en Potrero de los Funes, unos años atrás. Viajé para participar de un concurso, en el que pinté una acuarela de un metro cuadrado bajo el sol, buscando agradar a la terna del jurado, entre quienes estaba Alvaro Castagnet.

Pero la foto no es de la acuarela presentada, sino de un rato de conexión que logré tener con el paisaje y conmigo, una vez terminado el evento.

Me di cuenta que esa sensación ES el premio. Hoy miro la foto y agradezco haber estado ahí, solo y a la vez rodeado de tanta presencia.

¡Los acuarelistas queremos más!

¿Alcanza con cumplir la misión?
A veces pintar acuarela se parece a un cuento de aventuras. El protagonista intenta llevarse algo más que el tesoro que fue a buscar, desata una serie de eventos caóticos, y recurre a nuevas habilidades para salir con vida del peligro.

La curiosidad dicen que mató al gato, ¡y asustó a más de un acuarelista!

Sin embargo en clase, a veces me preguntan “puedo hacer esto?”. Y si bien está ahí escondido el miedo a la libertad, también está la sospecha de una reacción en cadena, amenazando con malograr todo lo conseguido hasta el momento. 

Y si, esa posibilidad siempre está presente. Pero los que amamos la acuarela sabemos que la “adventüra” remite a lo que vendrá. Somos apasionados por el devenir de las cosas, y ese anzuelo, disfrazado de incómodo borde seco en la mejilla de tu retrato, es solo una excusa para volver a entrar en la tormenta que sos VOS, y conocerte un poco más. 

Al final de cuentas, es solo un pedazo de papel. 

Las capas de la vida

Estoy pensando en cómo la acuarela me enseña a confiar en los procesos.
Cada capa que vamos agregando ostenta un protagonismo tremendo, basado solo en su novedad sobre el papel…

Pero cuando avanzamos incorporando sombras y contrastes más fuertes, nuevos detalles aparecen, dejando aquella capa anterior como una pieza más de la sinfonía. Quiero decir que el todo involucra al tiempo.

Y en mi vida, veo que el patrón también se repite. Los proyectos se concretan en etapas, como capas transparentes de una acuarela. Las decisiones encadenadas nos llevan desde un primer intento dubitativo hacia acciones firmes basadas en experiencias previas. Lo difícil es ir confiando en el proceso, sobre todo cuando la vida no devuelve resultados. 

Estoy aprendiendo a concretar, ofreciendo mi tiempo para que las experiencias me digan luego adónde tengo que ir. Y aprendiendo también a estar con mis miedos, sintiendo como se comprime el pecho buscando protección cuando la incertidumbre al futuro colma mi atención.

La pintura me muestra estos mecanismos. Los veo en una escala que puedo manejar y, a veces, puedo darme cuenta de que si las dificultades de la vida pueden llevarse a la pintura, las soluciones de la pintura pueden también llevarse a la vida.